El trabajo de las mujeres consistía principalmente en cocinar y cuidar a los heridos, así como conseguir forraje para los caballos y darles alimento.
Pero si así lo decidían también podían lanzarse al combate: acompañaban a sus hombres con los niños y los metates a cuestas.
Cuando el esposo de una soldadera moría en combate, podía buscar a otro hombre como pareja o usar el uniforme y el arma del difunto.

La mayoría de las tropas tenían una coronela o una capitana famosa: mujeres armadas que junto a los soldados más valientes eran las primeras en entrar en acción. Muchas llegaron al grado de coronel.
Estas mujeres guerreras recibían diferentes nombres como: vivanderas, coronelas, soldaderas y adelitas. Millones de mexicanas participaron en la mayoría de los grupos armados de manera brillante.









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