12 primodelincuentes reciben una segunda oportunidad al accesar a un programa de reclusión domiciliaria, aunque vigilados con dispositivo a distancia.
México, DF.- "La libertad significa el poder hacer las cosas midiendo las consecuencias.
Tienes el poder para hacer cualquier cosa, pero también tienes que ver que no dañes a nadie a tu alrededor.
Cuando estás preso, no puedes salir, no puedes salir aunque llores, patalees, cualquier cosa, no puedes salir", comentó un reo con brazalete.
Vivir y ser libre adquiere otro significado después de estar en reclusión.
Desde el 29 de noviembre 12 primodelincuentes reciben una segunda oportunidad al accesar a un programa de reclusión domiciliaria, que les permite vivir con su familia, aunque vigilados con dispositivo a distancia Para ir a su trabajo, vigilados mediante radiofrecuencia y después se va a enlazar con GPS y también a partir de scaner que traen nuestros supervisores y el regresa a determinadas horas y es verificado que ingresa a su casa a la hora que termina sus actividades laborales", explicó Pedro Arellano Aguilar, director de Ejecución de Sanciones Penales del DF.
Los internos que hayan cometido una falta menor, que tengan una conducta óptima y que les resten menos de dos años de sentencia, puede acceder a este dispositivo pagando poco más de 12 mil pesos.
El proceso para entrar en contacto con la sociedad es lento y paulatino. "Algún momento de convivencia familiar los domingos, alguna salida, algún momento de diversión, pero por ningún concepto alguna fiesta o ingerir bebidas alcohólicas o algún estupefaciente", agregó Arellano Aguilar.
Hasta el momento, se han invertido 21 millones de pesos en la adquisición de 300 brazaletes, que se estima designar a igual número de internos, a más tardar en febrero.
La meta es beneficiar a mil 700 internos para finales de 2007. Mediante este programa se pretende disminuir en 5%, el nivel de sobre población existente en el Distrito Federal, donde se reportan más de 33 mil presos.
"Ante el problema del cupo y hacinamiento de los centros penitenciarios, tienen ellos que instrumentar medidas que les permita el desalojo de los sentenciados", dijo José Luis López Cavaría, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
"Lo que no queremos es gente que quizás entró a nuestros reclusorios por haber robado un celular, 20 pesos, salga de nuestros reclusorios asalta bancos, secuestrador y sobre todo con un rencor social espantoso", indicó Arellano Aguilar.
El sistema también implica riesgos. En caso de que el reo se retire el dispositivo, no pase el antidoping, o salga del área permitida, será reingresado y cumplirá con dos años más de sentencia.
"Entonces la persona no solamente es regresa a la cárcel para terminar su sentencia completa, sino también se le agrega un nuevo delito, que es de evasión de reo", manifestó Arellano Aguilar.
No obstante, una segunda oportunidad siempre vale la pena. "Poder vivir la vida, no sobrevivir sino poder vivir, porque adentro de una prisión sobrevives, pero cuando sales tienes la oportunidad de vivir y esa oportunidad la tenemos todos, el derecho de vivir", concluyó un reo con brazalete.








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