La Cía. Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A. fue una de las empresas nacida con el siglo dentro del proceso de industrialización de la capital nuevoleonesa.
Quedó constituida el 5 de mayo de 1900 con un capital de diez millones de pesos y unos meses después inició sus operaciones, bajo la dirección de los señores Vicente Ferrara -a nombre de quien fue presentada la solicitud correspondiente y dirigida al gobernador de Nuevo León, el general Bernardo Reyes-, Eugenio Kelly, Antonio Besagoiti y León Ferrara.
La compañía tenía como objetivo la adquisición y explotación de minas de fierro y carbón, así como la fundición y el procesamiento del metal para la elaboración de objetos diversos. Es interesante hacer notar que en 1900 el consumo percápita de acero en México apenas y llegaba a seis kilogramos.
Esta planta industrial, lo mismo que las demás establecidas por la misma época, quedaron exentas de contribuciones según decreto de diciembre de 1888, durante el gobierno de Lázaro Garza Ayala, y prorrogado a lo largo de muchos años.
La compañía tuvo su asiento al oriente de la ciudad de Monterrey en un terreno de 226 hectáreas, que según la visión de sus compradores serviría para futuras ampliaciones, destinar un área a la construcción de viviendas para los trabajadores e incluso erigir escuelas para la educación de los hijos de obreros.
La Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, la Maestranza, fue fuente de empleo para 1500 obreros inicialmente.
Ya para 1901 reportaba importantes ganancias con la operación de los talleres de Vaciados y de Maquinaria, aunque aún había áreas que no habían empezado sus operaciones.
Sin embargo, como una maldición, la empresa por muchos y muy diversos problemas afrontados a lo largo de su historia, nunca logró alcanzar sus metas de producción.
Para 1904 afrontó dificultades económicas que se profundizaron año con año hasta que en 1907 fue alcanzada por la crisis mundial. Además, la inundación de 1909 representó una severa catástrofe para la empresa y el inicio de la Revolución Mexicana, un año después, tuvo también un impacto negativo.
Fue con ayuda del Gobierno Federal que don Adolfo Prieto -en 1908 fue nombrado Consejero Delegado y en 1917 Presidente del Consejo de Administración-, logró sacar a Fundidora Monterrey del peor momento.
La empresa tuvo una recuperación importante para 1929, mantuvo un ritmo moderado de producción y crecimiento, y entre 1950 y 1953 se trazaron líneas de expansión para la producción de Aceros Planos.
Al principio, Aceros Planos fue un departamento más de la Maestranza pero con el tiempo se constituyó como una división productiva.
Nuevamente en 1970 la sombra de la incertidumbre cubrió a la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, a causa de un bloqueo de 131 días en las vía de ferrocarril de Cerro del Mercado. También los problemas económicos habidos en esos años, que derivaron en devaluaciones y restricciones de mercado, hicieron lo suyo para colocar de nuevo a la empresa al borde del precipicio.
La ayuda oficial siempre estuvo a mano y en 1978 se inició el proceso de integración de SIDERMEX, que creaba una sola dirección general para empresas como Altos Hornos de México, S.A., Fundidora Monterrey, S.A. y Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas.
La vieja maestranza, que había pasado de propietarios extranjeros a nacionales, en este nuevo momento de la historia se convertía en una paraestatal para ser administrada por el Estado
Sin embargo, los problemas técnicos, organizacionales y sindicales seguían vivos y, los peor de todo, al paso de los años, las instalaciones de Fundidora habían pasado a ser antiguas y obsoletas. Los esfuerzos por modernizar la planta llevaron al endeudamiento excesivo y a la imposibilidad de pagar.
Sin embargo, los problemas técnicos, organizacionales y sindicales seguían vivos y, los peor de todo, al paso de los años, las instalaciones de Fundidora habían pasado a ser antiguas y obsoletas. Los esfuerzos por modernizar la planta llevaron al endeudamiento excesivo y a la imposibilidad de pagar.
A todo lo anterior, se sumó la acción del grupo radical del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, que no cesaba de pedir prestaciones excesivas y condiciones cada vez más onerosas para la empresa, a cambio, debe decirse, de poco esfuerzo, responsabilidad y compromiso de los trabajadores.
No imaginaban ellos el daño que se causaban a sí mismos y a la sociedad. Coadyuvaban de aquella forma a la caída de una empresa que era, además de su fuente de trabajo, símbolo del surgimiento industrial de Monterrey y, durante décadas, de su pujanza y poderío.
El anuncio del ocho de mayo de 1986 cayó como balde agua fría: Fundidora Monterrey era declarada en quiebra.
Miles de obreros perdieron su empleo, salieron a las calles a protestar durante días y meses enteros, pero ya nada quedaba por reclamar, ni fuente de empleo, ni indemnizaciones más elevadas.
Actualmente, en los terrenos que pertenecieron a la empresa, se desarrolla el Parque Fundidora.










